REPORTAJES
       
Elia Barceló: "Escribiendo una novela, me siento como un tanguero (como el hombre, sí)"

1. Elia, la novela transcurre en La Boca, en Innsbruck... ¿dónde te gustaría que transcurriera esta entrevista?

Sin ninguna duda a la orilla del mar, a ser posible el Mediterráneo, a media tarde, cuando brilla el agua como un tejido de lentejuelas, en algún sitio desde donde se pudiera ver bien la puesta de sol y oír los gritos de las gaviotas, con un Campari-soda en una mano y un cigarrillo en la otra. Sin prisa, con todo el tiempo del mundo para reírnos juntos y contarnos cosas.

2. ¿Qué lleva a una escritora de Elda (Alicante), residente en Innsbruck (Austria), a escribir un libro con el espíritu de Buenos Aires?

Hace unos años unos buenos amigos empezaron a asistir a cursillos de tango y nos animaron a acompañarlos. Éramos cuatro y empezamos a ir de vez en cuando a alguna milonga, aunque no sabíamos demasiado; pero a mí me gustaba mucho la música, el ambiente, el espíritu, como tú bien lo llamas. Al final, mi marido decidió que, para hacerlo bien de verdad, tendríamos que dedicarle un mínimo de dos noches por semana, y era demasiado para nosotros, con el trabajo, los hijos, y lo temprano que hay que levantarse. Entonces, como tantas veces, mucho después, empecé a escribir sobre ello. Como ya habíamos estado en Buenos Aires aprovechando una estancia de Klaus (mi marido), que es historiador, especialista en historia contemporánea, y conocía de primera mano el barrio de La Boca, el museo y alguna milonga, no me pareció tan atrevido intentar escribir una novela, aunque pasé mucho tiempo documentándome con libros, mapas y cedés. Luego, en el texto, casi no se nota porque me molestan las novelas históricas o simplemente ambientadas en otra época en las que el autor se empeña en rentabilizar su esfuerzo a costa de martirizar al lector con todo lo que sabe. Yo trabajo a base de pinceladas sueltas que crean (o deberían crear) un efecto de realidad, como decía Barthes; creo que con eso basta para introducir al lector en ese mundo ficticio. Además, no hay que olvidar que yo considero a Julio Cortázar mi maestro literario y me hacía ilusión hablar de su país y de su ciudad, e incluso parcialmente narrar en su estilo, aunque él ya no esté aquí para verlo.

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