| |
Elia Barceló: "Escribiendo una novela, me siento como un tanguero (como el hombre, sí)"
3. Escribir una novela ¿es como bailar un tango? O de otra manera: la literatura ¿se puede bailar?
En mi caso sí. Yo bailo con las palabras. Para mí el sonido de un texto es tan importante como lo que se cuenta o como la estructuración de los materiales. Y además, la literatura está hecha de emociones humanas y los humanos siempre hemos sido capaces de mostrar nuestras emociones a través de la danza. Por eso hay tantos ballets modernos y coreografías basadas en obras literarias. Muchas veces, escribiendo una novela, me siento como un tanguero (como el hombre, sí): tengo el deseo, el impulso, domino la técnica, pero necesito una pareja (mi historia, mis personajes, mis materiales) que se deje conducir hacia donde yo quiero llevarla para que juntos podamos crear algo que, con suerte, resultará único y, con mucha suerte, incluso bello y un poquito mágico.
4. ¿Nos recomendarías algunas milongas para acompañar la lectura?
El tango y la milonga son cosas que no gustan a todo el mundo. Por eso quizá lo mejor sea empezar por una selección de tangos clásicos (Gardel, Pugliese... por ejemplo) y luego, si uno descubre que le van, buscar los que menciono en la novela, algunos de ellos realmente antiguos. Y después probar con cosas más modernas. Lo mejor es preguntarle a los tangueros apasionados, que estarán encantados de aconsejar a alguien que empieza a descubrir el espíritu del tango.
5. Para terminar, ¿qué te parece esencial que los lectores recuerden del libro?
Creo que a lo mejor que puedo aspirar es a que los lectores sientan alguna emoción y la recuerden tiempo después, aunque ya no tengan presente la historia y sus peripecias. A mí me pasa con algunas novelas y, sobre todo, con algunos relatos: a veces ya no sé concretamente qué pasaba en la trama, ni si tiene o no final feliz, pero recuerdo algo como un perfume, como un color; algo que me tocó dentro y aún está ahí. Cortázar decía que un buen cuento "deja cicatrices en el lector que lo merece", porque no todas las historias son para todos los lectores; pero, si uno encuentra la suya, se convierte en una parte de sí mismo y lo acompaña siempre.
Puestos a desear sin modestia, desearía eso al lector: que algo en su interior se sienta rozado por una emoción y que esa emoción perdure y se despierte al oír un tango o al ver una foto de los años veinte o un cuadro de Quinquela Martín. Mis novelas son, en general, una lucha contra el olvido, un combate abocado a la derrota, para retener el tiempo que se fue, para vindicar a tantos seres humanos que antes que nosotros amaron, sufrieron, gozaron, soñaron... y ya no tienen voz para narrar sus historias. Mis personajes son de ficción, mis historias son inventadas y muchas veces fantásticas, pero en la base yo me siento como la voz de los muertos y, por el tiempo de la lectura al menos, intento traerlos de nuevo a la vida y dejarlos hablar.
Muchas gracias, Elia, por conversar con nosotros en esta mágica orilla del Mediterráneo, mientras un tango sonaba de fondo y los últimos sorbos de nuestro Campari desaparecían lentamente con tus últimas palabras.
Anterior
| |